Mucho que hacer…
Acabo de empezar 4º de biología y ya estoy hasta arriba de curro. Aparte de pasar mucho tiempo en la facultad, el trabajo que tengo que hacer en casa se alarga hasta el infinito. Pero bueno, sarna con gusto no pica, prefiero dejar los agobios para más adelante y repetirme “es tu futuro, es lo que tú elegiste…”.
A esto se le suman 3 horitas semanales de gimnasio. No es mucho, pero menos da una piedra y mi cuerpo lo agradece.
He dado el primer paso de un nuevo proyecto, mi nuevo blog “Algodón de Azúcar“. Mi idea es hacer tutoriales, escribir consejos y contar mis trucos de costura y manualidades. Creo que es algo bonito, aunque no le pueda dedicar tanto tiempo como me gustaría. Si alguien se quiere pasar, no tiene más que hacer click.
Por supuesto siempre hay tiempo, aunque no sea mucho, para estar con mi niño. Y de vez en cuando me tomo un respiro para quedar con los amigos.
Hay cosas que últimamente he dejado de lado y que, por supuesto, pienso meter a presión en mi horario como ir al cine, patinar, leer… ¡Que no puede ser todo trabajar!
¡Y todo sin robarle tiempo al sueño! O al menos no mucho. (Que no me oiga Celina, no vaya a ser que le dé por darnos más trabajo xD). Basta que tengas mil cosas que hacer para que te des cuenta de lo poco que aprovechas el tiempo en épocas más relajadas.
El iPhone más ligero
En la era de la tecnología, en la que un ratón de bola es un marginado, en la que un móvil sin cámara es una aberración y en la que el velcro vuelve a resurgir… nace el iPhone.
Y yo, que soy así de chula, me he hecho con uno.
Nunca se le termina la batería, no se me raya, pesa poquísimo y puedo meter mi otro móvil dentro de él.
Está hecho con fieltro, y por si alguien tiene la duda: No. No me aburro.
Si quieres ver de dónde saqué la idea date un paseo por El blog de Lomurella.
Contigo no, bicho.
Este vídeo marca un antes y un después en tu vida. La frasecita anida en tu cerebro y no hay manera de hacerla desaparecer.
El vídeo trata sobre la espeluznante historia de un desamor (bueno ni amor, “cariño”, “ni cariño… ¡un cochino beso”).
En fin, os dejo que él mismo os cuente la historia:
¡Porno! ¡Tulos!
Los Chinos son personas fascinantes. Las tiendas de los Chinos son, sencillamente, sorprendentes.
Hace tiempo me encontré con esta bonita estampa en una de las estanterías:
A simple vista puede parecer que es una fotografía de la sección de películas porno. ¡Pues no! Esos DVDs se encuentran en la sección de juguetes para los niños, entremezclados con películas de Bambi, Blancanieves y demás…
Ver para creer.
¿Despiste o estrategia de venta?
A veces me pregunto por qué estudio biología…
… y hallo la respuesta en cosas como estas:
He visto este vídeo mil veces y no dejo de emocionarme. Voy a volverme fan de la miosina, porque siempre me dan ganas de llorar cuando la veo xD
¿Esclavos sin remedio? ¿Amos por accidente?
Somos dueños de lo que pensamos, esclavos de lo que decimos y mucho más de lo que hacemos. Por otro lado es fácil que te lean la mente, así que la esclavitud pasa a ser algo no tan fácil de esquivar. No os engañeis. Hasta un mudo podría desvelar sus pensamientos con una sola mirada, y la persona que la captase se convertiría en su amo y señor, guardián de su secreto y, por mal que quede decirlo, único juez. Pero ¡ay! que la mejor manera de guardar un secreto es hacerlo para uno mismo, y las acciones nos delatan.
Y te planteas muchas cosas. Hay actos que tantos cometerían y sólo se reprimen por las consecuencias… Y no me refiero a grandes hazañas, sino a los más deplorables actos, a mentiras que rompen almas, a desvergüenzas que si Dios existiese jamás podría imaginarse. No os engañeis, uno es tan mezquino si se reprime en beneficio propio como si cometiese aquellos actos que desea. Claro que todo esto tiene una parte buena, y es que se evitan daños colaterales.
Tened cuidado con lo que deseais. Cuidado con aquello que se anhela y se guarda en una cajita, porque alguien puede haberla abierto sin darse cuenta, sin querer, sin desear ser partícipe de ello,y convertirse en un peligro potencial. Y sin buscarlo. No guardes tus secretos sólo por el placer de lo íntimo; hazlo porque puede que otros no quieran saberlos.
Si buscas algo acabas encontrándolo. Al menos reconoce que no te has tropezado de casualidad con ello.
Para algunos ya es demasiado tarde. Una pena, ser esclavo.
Y una pena, también, ser amo por accidente.
Echo de menos bailar
La falta de tiempo me ha hecho sacrificar la danza. Es horrible. Puedo pasarme horas viendo videos en youtube, sacándole los defectos a muchos y maravillándome con muchísimos más; puedo vestirme con la ropa de la actuación de Tridance y hacer numeritos frente al espejo… pero desde luego la sensación ni se parece. Necesito un ambiente que sólo puedo encontrar rodeada de gente.
Quisiera seguir yendo a clases de danza del vientre, pero el tiempo no me sobra y hay otras cosas que me es imposible dejar de lado.
No sé si podré explicar con palabras lo que es la danza del vientre para mi. A menudo uno se mira y se ve con kilos de más, de menos, ojeras, bolsas en los ojos, demasiado alta, demasiado baja, de pecho plano o una vaca lechera… SI, el caso es sacarse defectos, o que te los saquen los demás. A menudo dan ganas de pegar un salto y dejar de pensar en que me duele esto o aquello, dejar de tener responsabilidad sobre uno mismo y escaparse volando…
Y ahí está la danza.
Ella no te juzga. A ella no le importa cómo seas. Simplemente bailas.
Y tu cabeza está en otra parte. Tus michelines se mueven con tanta gracia que los besarías si alcanzases a hacerlo. Y lo haces, porque eres capaz de sentir como el beso baja desde tus labios hasta tu vientre y se mueve al son de tus caderas. Tu cuerpo se vuelve perfecto.
Porque no se debe bailar para que te vean, sino para que quien lo haga pueda sentir por un instante eso que tú sientes al moverte.
Quiero volver. Sólo espero que la danza no se haya olvidado de mí cuando nos volvamos a ver.
Los deseos
Curiosa palabra, deseo. Y no es que me parezca curiosa por su significado en sí, bastante evidente (en caso de duda consulte a rae.es) sino porque en ocasiones entristecen, alegran, dan esperanza o te ayudan a guardarle rencor a alguien.
Los deseos…
¡Qué gran invento! Pero qué poco útiles son en realidad. Cuando deseas algo ocurre que careces de ello. “Deseo la paz en el mundo” se impuso como tópico de frase en el concurso de Miss X, “desearía no haber hecho esto”, “desearía tener aquello, “desearía aprobar este examen” y ya que estamos, deseamos volver a Roma y lanzamos una moneda (o dos) a la Fontana di Trevi.
Cuando pensamos en lo que deseamos, es como si por un instante, uno de los latidos de nuestro corazón se hiciese más intenso. Te pone nerviosa, te da ánimos, te crea amargura.
Debería haber un sistema para poder sacar nuestros deseos de dentro y guardarlos en botecitos, a la vista de aquellos a quienes se los queramos mostrar, pero sin cargar con la inquietud que nos causan. “Algunos lo llaman ilusión” como en la lotería. Si, deseas que te toque.
Y la verdad es que vicia eso de desear. Normalmente uno hace lo que está en su mano (algunos todo, otros parte) para que sus deseos se cumplan, tanto por el placer de realizar o conseguir aquello que anhela, como por quitarse de encima ese latido que le atormenta. Pero ¡ay! el ser humano, como dice el anuncio, siempre quiere más. Y como nadie puede quitárnoslos, y como nadie puede decirnos qué desear, almacenamos cuantos más mejor. Y como decía Gautama: “la raíz del sufrimiento es el deseo”. Pero a ver quién nos los quita, cuando van acompañados de esperanza…

Veintidós
No me pregunteis por qué, pero algo va a pasar con ese número. Hace días que por diversas casualidades estoy obsesionada con el veintidós. Y digo casualidades porque puede quedar algo peliculero llamarles “señales”. La siguiente pregunta sería: ¿señales de quién? Y por esa comida de tarro si que no paso, cada uno que piense lo que le venga en gana.
A veces pasa ¿no? Que un día te levantas como si nada y te ocurre algo que no puedes explicar, propio una película, y que por ello no comentas con casi nadie porque te mirarán con cara de seta :S Pues estoy convencida de que ese número significa algo y cuando lo descubra… me asustaré mucho.




