A Pegada da Violencia de Xénero
Para los que no sepáis gallego: La Huella de la Violencia de Género.
En diciembre acudí a unas jornadas sobre el tema. Se habló de leyes, ayudas y muchas otras cosas. Hubo un tema que estuvo presente todo el tiempo en las jornadas, y fue el machismo. Hay quien cree que una cosa y la otra no están relacionadas, pero no es así. La violencia hacia las mujeres parte de la base de la creencia del hombre que las maltrata, de que es superior por ser lo que es.
Un hombre feminista por lo general no será un maltratador.
Por si alguien tiene dudas, o simple ignorancia, me refiero a la acepción según la RAE: Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.
El caso es que para optar al crédito de libre configuración había que hacer un pequeño escrito sobre cualquier tema relacionado con las jornadas, y una vez hecho me dio pena pensar que nadie lo leería (seamos sinceros, no se van a leer el tocho de escritos de todos los que nos apuntamos al curso).
Así que he decidido ponerlo aquí, porque es mi blog y yo lo valgo.
Mi nombre X, y estudio biología en la U.S.C. Siempre me han atraído este tipo de jornadas. No sólo por la concienciación que consiguen, sino también por aprender e informarme de lo que pasa a mi alrededor, dejando de lado el amarillismo que inunda a toda la prensa y televisión.
El desarrollo y la organización en general estuvieron muy bien, aunque las personas que no estudiamos derecho me temo que en ciertos momentos nos encontramos algo perdidas por no tener unos conocimientos básicos.
¿Por qué estoy escribiendo esto? ¿Por qué no me centro en algún aspecto y empiezo a redactar mi trabajo sin más? Porque para mi es importante explicar que no decidí hablar de esto por puro azar, sino por algo que llamó mi atención y me indignó.
Cuando terminaron las jornadas no tenía claro sobre qué hablar en el trabajo. Me preocupaba no ser capaz de escribir nada sobre leyes, pues como he comentado antes, no estudio derecho (he de confesar que entre mis opciones ya se encontraba este tema, pero no me convencía del todo).
La cuestión es que estas navidades, como todos los años, he ido a visitar a mis familiares a Asturias, entre ellos mi prima de 7 años. El día de Reyes, no sé si Melchor, Gaspar o Baltasar, tuvo la excelente idea de regalarle un maletín de veterinaria. En principio todo me pareció correcto: el gatito en su transportín, jeringuilla, estetoscopio, termómetro, etc. Todo en blanco y rosa (color que a mi prima le encanta). Bien, a pesar de que el juguete era claramente dirigido a niñas (es decir, partiendo de la base de que por los colores, el muñeco y demás, iba a ser un regalo destinado a una niña), encontré un detalle muy curioso…
Además de todos los accesorios antes mencionados, venía una especie de placa para que ella pusiese su nombre. ¿Y qué título precedía al lugar donde se escribe éste? Pues sencillamente: Dr.
¡Doctor! Incluso en un juguete supuestamente dirigido a las niñas no se dignan a escribir Dra.
“No pasa nada” pensé. “Será que se han equivocado, o que ponen las pegatinas para el juguete en inglés…”. Pero la realidad es que una vez más sentí cómo se dio por hecho que la “A” sobraba. Por esto decidí comentar un par de cosas sobre el sexismo en los juguetes infantiles.
Esto no es nada nuevo. Creo que desde que tengo uso de razón he oído hablar sobre este tema y, aunque cabría esperar que con el paso de los años cambiase el panorama, se ve que a alguien no le interesa el cambio.
Es muy importante eliminar las ideas machistas de nuestra sociedad, empezando por los niños, que serán los hombres del mañana. Los hombres que podrán ver a una mujer como una igual, o como un objeto que les pertenece y sobre el que tienen el “poder”, por el hecho de ser hombres.
Como estudiante de biología no puedo negar las diferencias entre hombres y mujeres. Es obvio que un hombre no puede dar el pecho ni dar a luz un hijo. Pero está claro que puede cambiarlo, educarlo, darle el biberón y palmaditas en la espalda para que eructe. ¿A dónde quiero llegar? Es sencillo: a que todos los muñecos que imitan a bebés se publicitan para que lo usen las niñas, no los niños, como si el hombre no tuviese que hacerse cargo, o dejando claro que es labor de la mujer dedicar todo su tiempo a cuidar a su hijos. Esto no sólo hace que se vea a la mujer como la responsable de cuidar a los niños, sino que da por hecho que no hay hombres que lo hagan.
Tal vez este sea uno de los casos más evidentes de sexismo en los juguetes, por la publicidad que tienen, pero no es ni de lejos el peor de los ejemplos.
Si nos vamos a una juguetería cualquiera, podemos encontrar réplicas de electrodomésticos comunes y accesorios de limpieza, desde una lavadora en miniatura, o una plancha, hasta un lote de fregona, cubo, escoba y recogedor. Curiosamente, la mayoría de las veces con fotografías de niñas usándolo y de color rosa, o con florcillas. ¿Qué se deduce de esto? Que las tareas de la casa, son cosa de mujeres. Que no sólo estamos obligadas a hacernos cargo de los quehaceres domésticos, sino que además, gracias a su estupendo diseño, a nadie se le ocurriría regalárselo a un varón.
Esto me ha recordado una frase que me dijo un señor, en edad de ser abuelo, hace un tiempo: “Si el hombre trabaja fuera de casa, la mujer debe encargarse de las tareas domésticas. Si la que trabaja es la mujer, entonces deben compartirlas”. Como si en ese cromosoma que nos diferencia hubiese un gen que codificase alguna “proteína de la sartén” o algo similar…
Por otro lado, están los juguetes de los niños: castillos para construir juntos, scalextric para compartir… Nada que se parezca a algún trabajo u obligación, ya ni hablar de tareas caseras.
Sería interesante comentar también algo que afecta a la exclusión de muchos niños (es decir, varones): A pesar de que hay juguetes diseñados en principio para niños, muchas veces podemos ver a niñas jugando con ellos (coches teledirigidos, juguetes de construcción…) sin que resulte chocante. Por otra parte, ¿qué pasa si un niño se pone a jugar con una plancha de juguete o si acuna a un NenucoBarbieMeoncete? Tristemente lo menos que le llamarían sus amigos sería “mariquita”, y los adultos lo verían como una conducta anormal.
¿Qué podemos hacer para evitarlo? Para empezar no comprar juguetes sexistas. Lo que no se compra acaba por no venderse.
¡Puños de Hulk! ¡Naves de la Guerra de las Galaxias! ¡Superpoderes para salvar al mundo! Tonterías, nada como un set de maquillaje o una fregona para que una mujer se sienta completamente realizada.
Tristemente los anuncios para adultos llevan implícita la misma idea, con sus detergentes y lejías para que seamos las mujeres más felices (obviamente diseñados en fantásticos laboratorios en los que trabajan Doctores, sin “A”).