Entrevista de trabajo IV
Bueno, esta mañana me arreglé y me fui a la entrevista. Llegué con 10 minutos de antelación, esperé sentadita y a las 12 me llamaron.
Volió a atenderme Nuria, aunque esta vez ella no me dijo cómo se llamaba. Pasé dentro, y me senté. La verdad es que pensé que me iba a poner más nerviosa. Me hizo unas cuantas preguntas: unas más personales que otras pero no llegó al punto de invadir mi intimidad (no demasiado).
Que si donde viví, que si por qué estudiaba mi carrera, que si me había arrepentido alguna vez de elegir estudiar biología… Supongo que la idea es hacerme sentir cómoda y deducir si soy una psicópata, a algo así.
Evidentemente hubo que actualizar mi edad, porque cuando me llamaron en febrero tenía un año menos. Aunque con el tiempo que ha pasado, me hubiese dado tiempo hasta a tener un hijo.
En general la cosa iba bien. Nuria muy amable y cercana.
Le comenté que me interesaría incorporarme a empaquetar regalos en la campaña de Navidad. ¿Qué problemón nos encontramos? Pues lo que yo ya había pensado: mi horario. Está claro que no voy a faltar a una práctica obligatoria, para tener que repetir la asignatura y encima volver a pagarla (con lo cual lo que pudiese ganar por trabajar unos días no compensaría en absoluto). Vamos, que primero está la carrera, que es lo que (espero) me dará de comer el día de mañana.
Cuando hablamos sobre mi horario ya empezó a cambiarle la cara. Me explicó que ellos no pueden adaptarse a mi horario y que necesitan a personas con total disponibilidad (TRADUCCIÓN: hemos tardado 4 meses en llamarte la primera vez, y después 8 meses y pico más, en los que tú, como buena futura trabajadora, tendrías que estar junto al teléfono esperando a que te llamemos y no tener nada que hacer aparte de venir a trabajar aquí).
En fin, supongo que si mi currículum no está ya en la basura, al menos estará bajo un montón de papelotes más de gente que necesita sacarse unos duros como sea.
Estaría bien que me llamasen. Creo que me iba a gustar saber qué es eso de trabajar “en serio”, y que lo iba a hacer bien. Peeeeero, con la competencia que hay (viendo lo que han tardado en llamarme…) no creo que esta Navidad me veais detrás de un mostrador.